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domingo, 25 de marzo de 2007

Intertextualizando


Comentario de: Victor Casado [Visitante] · http://losinnegables.com


Voy a aprovechar ahora que ya nadie mira esta página para escribir algunas cosas que no dejan de darme vueltas por la cabeza.

A Manolo siempre le recordaré en la alameda, junto al río, justo antes de una actuación. No recuerdo con quien tocaba. No recuerdo la fecha, pero le recuerdo perfectamente con sus gafas redondas, su media sonrisa y un brillo especial en la mirada.
Le recuerdo contándome la entrevista en la radio y como habían definido su música como “rock con un sonido algo sucio”…. ¿¡Un sonido “algo sucio”?¡…

Hay que tener en cuenta que estoy hablando de hace un porrón de años, en el final de los setenta, por aquella época mi grupo no había tenido un solo bolo, ensayábamos encima de un gallinero y sonábamos “sucio total”, (sonábamos como una lavadora descompensada en pleno centrifugado).

No me extraña esa media sonrisa de Manolo.

También le recuerdo en su casa, cuando vendía piezas y herrajes de batería, no sé si era representante de Tama o simplemente las pedía, el caso es que fui varias veces a su casa a comprar piezas: el pedal del bombo, el charles,…
-¿Por qué no enseñas a tu novia a tocar la batería?, yo le estoy enseñando a la mía a tocar el bajo… Podrían formar un grupo de chicas…-

Nunca enseñé a mi chica a tocar la batería.

La última vez que vi a Manolo fue en el 97 o el 98, yo estaba con Luís García, como siempre. Entramos en un bar a tomar algo y nos encontramos con Manolo y otros colegas que no recuerdo, nos saludamos y acabamos hablando de música. De qué si no.
Yo me encontraba bastante pedo y jodido, faltaba poco para que me marchara de Pucela y no tenia nada en la cabeza salvo alcohol y problemas.
Manolo me asaltó con un montón de proyectos. Me hablaba de secuenciadotes, ordenadores, grabaciones…nuevas tecnologías… proyectos y más proyectos… El estaba brillante y eufórico, con sus gafas de pasta tecnológica y yo solo podía escucharle. Acabe mi copa y me fui con Luís a otro bar. A seguir.

Meses después dejé Valladolid y no volví a ver a Manolo.
O eso pensaba yo…

En las navidades del 2004 volví para ver a la familia, y una mañana estaba en la parada de la Fuente Dorada, esperando el autobús para volver a casa
Para un autobús de otra línea y me encuentro, al otro lado del cristal y a un metro de distancia a una persona que se parece a Manolo, pero sin gafas, seco, con el aspecto huraño y esquivo de alguien que no … no se como explicarlo…
Me miró un momento, no hizo ningún gesto, yo tampoco.

¿Manolo Trujillo?. No, no era él. No puede ser él.

En el 2006 me encontré la noticia de su muerte, … llegue hasta el final de la reseña y abrí la última crónica del Norte… Me dio un vuelco el corazón.

Era él. La persona que vi en el autobús era él.
Ahora se donde terminaron todos sus proyectos, todas sus ideas. Ahora sé que la persona que vi a la fría luz de un sol de invierno, era él.


Esa “bendita” ciudad te hace huir o te destroza.
Manolo siempre fue delante y de cara, eso se paga en Valladolid…

Yo, de todas formas le recordaré con sus gafas tipo Lennon, con su media sonrisa y un brillo irónico en los ojos mientras me dice: “un sonido algo sucio”.

Yo ya me he acabado el tercer güisqui y no me queda nada más que decir.
Si alguien lee esto que tenga buena suerte y que se cuide, en Valladolid puede hacer mucho frío.

Un saludo Víctor Casado.


de: http://cylcultural.org/ladrilio/index.php/2006/12/13/manolo_trujillo_genio_y_locura

6 comentarios:

Anónimo dijo...

me aburro

Anónimo dijo...

Otro blog muerto más.
Sin duda el personaje que empezó esta historia se ha quedado acongojado.

Anónimo dijo...

aqui tambien lo dices

Anónimo dijo...

valladolid ...cloaca letal.

Anónimo dijo...

he llorado

Anónimo dijo...

No esta dormido los que fuimos parte de ese chiringuito nos acordamos de todo y también de Manolo Trujillo quien a pesar de ser un gran músico el y sus escesos desgraciadamente lo llevaron a un triste final .