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viernes, 9 de febrero de 2007

1983 una odisea en el esgueva


En el año 83 el ayuntamiento editó un disco. Monolito. Objetivo Perdido, Reflejos, Analgésicos y Disidentes. Todos ellos, hoy día, míticos, legendarios, emblemáticos e imprescindibles, los cuatro adjetivos con los que Roberto Terne lleva perpetrando crónicas quince años. Un puñado de nombres propios a los que se puede seguir el rastro hasta el presente; cosas de la provincia, ya lo decía Delibes.

Los disidentes, sin duda los más transparentes, eran lo que parecían, un trío de punk dinamitero. Se ganaron el respeto de casi todos por su naturalidad; no había pose, no había truco, no había trampa ni cartón. Gente que intentaba expresarse con los medios a su alcance y lo conseguía. Son importantes en la memoria colectiva, sus berridos antifascistas tenían mucho sentido y eran oportunos. Ellos lo sabían.
Luix se retiró pronto tras algún amago. Miguel continuó con la batería igual de honesto, modesto y normal, lo que no era poco con la que estaba cayendo. Otro tipo ejemplar.
Luismi, el tercero en discordia, el bajista, más de lo mismo.

Objetivo Perdido, antes el tren de la bruja, fueron, mucho tiempo, las vacas sagradas de “aquello”. El grupo se dividía en dos: Manolo y Juan, nombres que serían recurrentes en el futuro inmediato, por un lado, pareja de hecho que se mantiene hoy en el proceloso mundo de las finanzas, y los demás, por otro. Tenían, ya entonces, a una escala minúscula de lo que vendría después, los “medios de producción”.
Un presunto equipo de sonido para alquilar, (de las eliminator al cielo), una presunta grabadora para maquetas urgentes, furgoneta para bolos surrealistas, contactos incipientes en el ayuntamiento, amistades influyentes en la radio, garitos. Lo tenían todo. En ese momento aun eran músicos pero vieron la jugada clara. Time is money.

Entre los “demás” hubo siempre buenas piezas. Chusma, el cantante locutor, Santi Santana, guitarrista, como su propio nombre indica, Cesar de Diego, teclista, Kiko Garrido, bajista, guitarrista y cantante, uno de los que estuvieron siempre al pie del cañón, con todo tipo de formaciones. Un señor músico, desde Doping hasta hoy.

Reflejos. Otro trío. Rafa Chail, Agustín y Luís. Los dos primeros en activo aún después de haber recorrido los locales de media ciudad. Hacían lo que podían y querían: Porropopop sin complejos. Tenía su merito. Más ahora que se vuelve al imaginario de los ochenta y se reivindica a los hombres G. Aparecerán inevitablemente en referencias posteriores como protagonistas que fueron de múltiples e inenarrables aventuras.

Apuntar, aprovechando que el Duero pasa por Tudela, que posiblemente el mejor momento de Agustín, (si él no me desmiente, lo que es su perfecto derecho), fue con el hoy, viernes nueve de febrero, más que justamente homenajeado, Manolo Trujillo; Rosas en Blanco y negro.

Analgésicos. Representaban, o intentaban representar, consciente o inconscientemente, la cara oscura del rock, el filo de la navaja, la ambigüedad. Víctor, el batería, aun en activo, era, en sus propias palabras, un machacaparches, como todos los demás, añado yo, sin ninguna intención de ofender sino todo lo contrario. Lo sigue siendo, dice.
Eso le honra. Un tipo particular con una apacible mirada y un lejano parecido físico al Wilko Johnson más anfetamínico. Creo recordar que estudiaba arquitectura, y, como todos los que escogen carreras de riesgo, hepático sobre todo, se apuntaba, se apunta, a un bombardeo.



Paquillo, agitador cultural, cantaba y se labraba un porvenir, incierto, como hechicero de la tribu. Espléndido promocionador de si mismo, como otros tantos“imprescindibles”
(no hay más que leer el texto de Carlos K, “requeteimprescindible máximo”, sobre la exposición que se inaugura hoy, donde se cita, cada dos líneas, la enorme importancia que tuvo discos k, su tienda, sin la cual no habríamos podido pasar los ciudadanos de bien, mientras se despacha con medio párrafo a cientos de músicos ) Paco Alvarado, decía, sería, algún año después, uno de los artífices de la Estándar oil. No adelantemos acontecimientos.
Julio Herguedas, a la guitarra, a mi muy corto entender, fue un inmediato antecedente de Piti y un chavalote plácido con el que daba gusto charlar un rato.
Juanra, a la otra guitarra, y Luís García, al bajo, completaban la formación.

El disco dicen que se pudrió en las mazmorras más profundas del ayuntamiento. Es posible e incluso probable. Mientras tanto, la marea de grupos seguía creciendo de día en día. Ya eran una auténtica plaga. Tantos que eran, simplemente, innumerables.

Mañana más.
Viaje a ninguna parte. De la estándar oil a la ruta del esgueva.

5 comentarios:

proyecto hombre dijo...

y te pasasste por el mamonaje?. refrescante leer otra visión de la cosa. saludos.

Anónimo dijo...

(no hay más que leer el texto de Carlos K, “requeteimprescindible máximo”, sobre la exposición que se inaugura hoy, donde se cita, cada dos líneas, la enorme importancia que tuvo discos k, su tienda, sin la cual no habríamos podido pasar los ciudadanos de bien, mientras se despacha con medio párrafo a cientos de músicos )


míticos, legendarios, emblemáticos e imprescindibles, los cuatro adjetivos con los que Roberto Terne lleva perpetrando crónicas quince años


LO HAS CLAVAO

Anónimo dijo...

Municipal y cultura no pueden estar juntas en la misma frase....es un error léxico

Anónimo dijo...

Estaba yo, como de costumbre, echando un vistazo por la pagweb valladolidmusical, enconcreto, leyendo los comentarios al homenaje a Manolo Trujillo (me hubiera encantado estar) y no se como he dado con este blog... Valladolid 83.... Los Analgesicos... Victor Casado...
¿Nos conocemos?... Tu a mí si. Tu también estabas allí.
Mándame un mail a victorcasado@auna.com
y echa un vistazo a la web losinnegables.com
Un saludo, Victor.

Anónimo dijo...

si es que ....

para informar y escribir un libro hay que hacer lo bien y no a medias con fines autopromocionales.

da igual , el publico no es tonto y es el que manda.

salu